lunes, 5 de marzo de 2012

Polvos Mágicos

En México, cada día primero de marzo sucede un evento mágico, místico y sublime para los residentes médicos de todas las especialidades. Nuevos R1 (residentes de primer año) entran a los distintos programas, el R1 de se vuelve R2, el R2 se vuelve R3, el R3 se vuelve R4 y los R4 terminan su entrenamiento. Dentro de la jerga médica se dice que para que esto suceda, cayeron “polvos mágicos” sobre todos.

Conforme se escala en la cadena alimenticia conocida como residencia médica, las responsabilidades cambian, el rol del residente evoluciona y la meta se ve cada vez más cercana. El avanzar de año siempre es motivo de celebración y alegría para el especialista en entrenamiento. Durante muchos años la práctica popular en nuestro país ha sido que a mayor “jerarquía” menor responsabilidad. Sin embargo los mismos años se han encargado de comprobar que esta mentalidad deja muy poco al aprendizaje y atribuye mucho al estado emocional decadente de nuestros residentes. Los residentes deben estar conscientes de su transformación en especialistas y con ello formar una mentalidad de solidaridad y docencia.

Las aptitudes que se consideran de valor en un residente son las relacionadas con toma de decisiones, liderazgo, empatía, compromiso por el paciente y capacidad para trabajar en equipo. Todos estos factores deben estar en juego todos los años que dure el programa de residencia médica, es absurdo pensar que por ser R2, R3 o R4 estas cualidades van a desaparecer. El residente tiene la particular oportunidad de ser maestro desde su primer día. Es maestro para los estudiantes de medicina y al ir avanzando será maestro de los demás residentes. Tal responsabilidad debe tomarse con pasión y respeto, cuidando la confianza que nos es entregada por simple dogma de fe. Un sistema de residencia debe ser un entretejido de apoyo y eficiencia, en beneficio de todos los residentes como grupo, siendo el objetivo principal el bienestar del paciente. Aunque el entrenamiento del residente es personal, la labor asistencial que realiza es de índole grupal. Todos los agentes dentro de un hospital o de una guardia deben trabajar en sincronía y sin distinciones jerárquicas que emancipen de responsabilidad. Un residente que no asume su papel dentro del aparato educativo, perjudica a los demás residentes y representa un obstáculo para la eficaz atención al paciente.

martes, 1 de noviembre de 2011

Calaveras Pediatría 2011

Era un 2 de noviembre,

La muerte se había vestido,

Iba a llevarse a los “R’s” pediatras,

Y uno que otro entrometido.

.

La calaca ya planeaba,

Echárselos al morral,

Comenzaba su desfile,

De hospital en hospital.

.

Empezando por “El Sanjo”,

La parca se quejaba,

A las 6:45,

Ni siquiera ella trabajaba.

.

La muerte apresurada,

Hasta las 7:05 aparecía,

Pero de la entrega de guardia,

El Dr. Vargas la corría.

.

“Aquí llegas temprano,

tarde nadie se mete,

Y si sigues de impuntual,

Agarra tus chivas y vete.”

.

La huesuda avergonzada,

De tal llamada de atención,

Hacia “El Choco” avanzaba,

Para seguir con su misión.

.

Ahí estaba Gaby López,

Sentadita en la ventana,

De la muerte no escapó,

Ni por ser vegetariana.

.

Preparando una sesión,

Murió Carlos Roel,

Y solo en el panteón,

Se volvió a saber de él.

.

En el pase de visita,

Anaí se petateó,

Y con esa sonrisita,

La muerte se la llevó.

.

Era la una de la tarde,

La parca estaba afuera,

Sentadita en la entrega,

Esperando a una güera.

Por fin llegó Aleyda,

a sufrir un gran espanto,

y ahora es la más lista,

de todo el camposanto.

.

De los “R’s” superiores,

Faltaban Karen y Siller,

Y ahora sus esquelas,

En “El Norte” pueden ver.

.

En el Cites ya rondando,

La huesuda sin conciencia,

Al Dr. Cuello se llevaba,

Con todo y la evidencia.

Por tal noticia fúnebre,

Hubo quien se moría,

A un lugar muy lúgubre,

Fue Yetiani María.

.

De una vez visitaría,

La calaca tan sombría,

A quienes encontraría,

En la Junta de Pediatría.

.

Por los kilómetros que llevaba,

Corriendo por ahí,

Colgó los tenis en “Calzada”,

El Dr. Lozano Lee.

.

El Dr. Bronson y Daniel Mendoza,

Sufrieron un desliz,

Y su muerte vergonzosa,

Al tronar funesto “Quiz”.

.

La calaca enrachadita,

Se fue hacía el materno,

Decidida a llenar,

De residentes el averno.

.

La Catrina orgullosa,

En urgencias comenzaría,

Localizó un “pitufo” rosa,

Era Julia quien se moría.

.

La parca encontró a Cota,

Y se lo llevó con prontitud,

Ahora andan batallando,

Pa’ comprar larga ataúd.

.

La muerte iba buscando,

A tan afamado pillo,

Y en cirugía fue encontrando,

Al Dr. Garza Badillo.

Macabro fue el destino,

Y su muerte un misterio,

Ojalá tenga su Xbox,

Pa’ jugar en el cementerio.

.

Majo se topó,

Con la Catrina en bicicleta,

Y a la pobre atropelló,

Muriendo la triatleta.

.

Recién desempacado,

de Dr. Arroyo, Nuevo León,

Kuri fue finado,

Sin obtener explicación.

.

Julieta sorprendida,

A ver tantas defunciones,

A la muerte muy bandida,

Le hizo reclamaciones.

“No tienes derecho,

A llevarte mis residentes,

¿Como quieres que haga el rol,

Con tan poquitas gentes?”

La Catrina quería a Julieta,

y lo demás no le interesa,

y ejerciendo sus funciones,

murió nuestra lideresa.

.

La guardia de Giselle,

Era todo un frenesí,

Pero ahora está enterrada,

En San Luis Potosí.

.

La Calaca tilica y flaca,

Se paseaba por el Materno,

Y se llevó a Leslie Uribe,

A dormir un sueño eterno.

.

Vuelta loca en piso,

Corría Dulce por doquier,

Hasta que la parca dio con ella,

Y le dio algo de comer.

“Yo se que ya te casas”,

Dijo la muerte tan burlona,

“Pero ya no sigas enflacando,

Que me quitas la corona.”

.

La huesuda encaminada,

En el Materno Infantil,

Fue a terapia intensiva,

A hacer algo muy vil.

.

Buscaba a Yolanda,

La calaca siempre lista,

Ni las aminas la salvaron,

A la futura intensivista.

.

Ya pa’ irse la tilica,

Fue a tococirugía,

Montse y Tania se murieron,

Cachando bebés todo el día.

.

La última parada,

un lugar no muy lejano,

La muerte ya rondaba,

El Metropolitano.

.

La Catrina ya buscaba,

Por los cubículos de UCIN,

Al buen José Manuel,

Pa’ llevárselo a su fin.

.

Por ser buena y amable,

La parca se llevó a Normita,

Ahora es la pediatra,

De sus hijas calaquitas.

.

Roberto se encontraba,

En alojamiento conjunto,

Entre puérperas y niños,

Ahora yace difunto.

.

Lucio emocionado,

Por su próximo casorio,

De la muerte no escapó,

Y fue a dar al purgatorio.

.

Erika y Shanty,

Se encontraban en consulta,

Fue la parca a visitarlos,

Y ser quien los sepulta.

.

Muy triunfante la huesuda,

Salió de esta jornada,

Ya que sola y sin ayuda,

No le faltó nada.

.

Si no fueron mencionados,

En estas calaveras,

No se sientan ni preocupen,

Que sólo son las primeras.

.

Ya con esta me despido,

De estos versos tan luctuosos,

Nos veremos en un año,

Aún más ojerosos.

.

César Lucio

miércoles, 12 de octubre de 2011

The Life of a Medical Resident in Mexico

The average week for a medical resident training in Mexico can easily exceed 90 work hours. Mexico is a country that takes pride in offering full health coverage for 100 million citizens. This is a new policy and free public medical care is being pushed to the limit. The situation is simple, the work load in outpatient clinics, operating rooms, the wards and emergency rooms across the country is dramatically increasing as more and more citizens claim their “Popular Insurance” coverage. However, the number of working residents has not increased.

Most Mexican residents are burned out very early during their internship. Nights on call 3 times a week, with full shifts the day after, are translated into 32 hour long workdays. These occur 3 times a week with non on-call days being filled with 8 to 10 hour shifts. We live in a health work culture where the resident has responsibilities that are not exactly of the medical kind. These range from social work tasks to drawing blood samples. In such a scenario a 32 hour shift is often not enough to complete the resident’s never-ending “To-do list.” With so many physical and administrative chores for the medical trainees, there is seldom time for academics. Few programs in the country are concerned about providing real and substantial academic value to their curriculums, and the resident sadly becomes cheap labor in a system doomed to collapse. I have the privilege to work in a program where academics are of great importance. Nevertheless, the gargantuan amount of work blocks most attempts to open a book or article and just read.

Monetary retribution is a whole other topic, equally anguishing for Mexican residents. The average pay is around 11,000 US Dollars a year. With 90 hour weeks, that could be simplified into 2.35 US Dollars per hour. With such a scanty income, most residents are not able to become fully independent and are an unceasing burden on their parents. Payment for residents comes from the Mexican federal budget and it’s considered a scholarship instead of a salary. This emancipates the government from moral or fiscal responsibility over the squalid wage.

Mexican residents demand a change in working conditions, work hours and payment. The main obstacle we face is the close-mindedness of health authorities and bureaucracy. Common answers to legitimate demands are: “When I was a resident, I worked even more hours,” or “How do you want to learn if you don’t practice.” More and more evidence is being published every day regarding the negative effects of long exhausting shifts for patients and residents. However, the decision makers in our country refuse to embrace these ideas tagging them as a “lazy caprice.” Very few programs around the nation have addressed this topic properly. A drastic change in mentality will only come when a new generation of evidence-based and patient committed physicians climb up to health authority positions and look back to their resident days.

Cesar Lucio is a pediatrics resident in Mexico.


Post published on kevinmd.com

http://www.kevinmd.com/blog/2011/10/life-medical-resident-mexico.html


jueves, 11 de febrero de 2010

Güercoooo, chamacoooo, jijo de laaaaaa....

Durante mi preparación como médico; escuela de medicina, internado y servicio social, los pacientes que he tenido enfrente han sido muy variados. Afortunadamente he tenido la oportunidad de atender bebés, niños, niñas, adolescentes, mujeres, hombres, embarazadas, viejitos, veteranos de guerra, mexicanos, gringos, asiáticos, africanos, cuerdos, no tan cuerdos, ricos, clase-medieros, pobres, jodidos, jodidísimos y lo que le sigue... He probado un poco de todas las especialidades médicas y me he intentado empapar de variadas áreas de interés.

Escoger una especialidad médica no es nada fácil. Saber si quieres ver niños, adultos, viejitos, granos, hemorroides, mocos, cerilla, hongos en los pies, chancros, señoras sin pantaletas, perrillas (en los ojos, mal pensados), cortar tripas o pegar huesos, no es una decisión que cae del cielo ni que sabes desde "chiquito". Aunque haya médicos que así lo expresen, "yo sabía que quería ser cirujano plástico desde los 3 años, cuando les ponía plastilina a las Barbies para que tuvieran mas boobies", NI MADREEEEES, esa gente que asegure que su ESPECIALIDAD la saben desde antes que el tiempo fuera tiempo, probablemente saben que les gusta el dinero, el poder, el reconocimiento, el respeto, o cualquier otro beneficio secundario de su especialidad desde los 3 años. Dentro de las etapas para convertirse en médico, el estudiante se da cuenta que tal vez el quirófano es en donde él quiere hacer una diferencia para con el paciente, o de lo contrario, puede desengañarse y odiar estar parado 6 horas seguidas buscando una bolita en un charco de sangre, todo esto sin poder rascarse a discreción. De igual manera el joven galeno puede identificarse íntimamente con los pacientes más pequeños, o en su defecto, descubrir que tiene nula paciencia a la hora de tener un par de hermanitos saltando sobre la cama de exploraciones mientras interroga a la madre. Tu área de especialización (si es que decides tomar alguna) es algo que surge dentro de tu preparación, son actividades que te llaman la atención, algo en lo que te desenvuelves con naturalidad y que disfrutas por sobre todas las demás cosas en tu carrera.

Mi inclinación hacia la pediatría vino aproximadamente a mediados de la escuela de medicina y vino a reforzarse en el internado y servicio social. Durante mis días como médico de pueblo, los niños ocupaban aprox el 60% de mi consulta y comprobe lo que sabía: lo que a la mayoría de la gente le desespera de los niños, a mi me resulta gracioso, espontáneo y natural. No niego que de vez en cuando, hay uno que otro pacientito que me obliga usar mis Bati-habilidades de sujeción y disciplina, aunque siempre sabiendo cuidar y no dañar el vínculo de confianza y calidez previamente formado.

Para mí, los niños son mejores pacientes que los adultos por 5 razones:

1.-Son simples y sencillos: Un niño enfermo es muuuuuy fácil de detectar. El niño enfermo no corre, no brinca, no habla, no aprovecha cada descuido tuyo para ir a picarle a tu teclado, no ensucia el consultorio, no intenta sobornarte con un DVD de Bob el Constructor a cambio de que no le pongas una inyección. Un niño que hace cualquiera de las anteriores, no está enfermo. FAAAAACIIL.

2.- El niño aún tiene una capacidad de mentir limitada: Si bien, claro que mienten como cualquier otro paciente, sus mentiras son más faciles de detectar, cae en contradicciones mas pronto o simplemente se les olvida que habían manifestado información falsa. Ejemplo:
Dr.- "¿te duele la cabeza?,
Niño.- "Siiiii"
Dr.- "¿y la pancita?"
Niño-"Siii"
Dr.- "¿La rodilla?"
Niño.- "mmmh Ajáaa"
Dr.- "¿Y el brazo?"
Niño.- "mmmh sii también"

a menos que el niño acabe de estar en un accidente automovilístico y/o volcadura, es obviooo que está mintiendo.... De los adultos ni hablemos, mentirosos cabrones....

3.- Los niños tienen un policía en casa (casi siempre): Imaginen que recetan un medicamento a una señora, y ésta tiene en casa a un policía que verifica que el medicamento sea ingerido a su respectiva dosis y hora. Con los niños, la mamá (en algunos casos el papá) es el policía. Claro siempre con sus honrosas excepciones, mamás webonas e/o irresponsables, en mi experiencia éstas últimas han sido pocas.

4.- Los niños no pretenden sacarte nada: Salvo por la ocasional falta a la escuela, los niños regularmente no intentan hacerle fraude a la compañía de seguros, sacarte una incapacidad, manipular a su pareja e/o hijos o buscar justificación para sus irresponsabilidades. Repito, existen excepciones de niños manipuladores, pero comparados con ADULTOS manipuladores, son la extrema minoría.

5.- Los niños son miles de veces mas divertidos de interrogar y explorar. Con un viejo no puedes comentar el capítulo más reciente de Patito, ni presumirle tu reluciente poster de los luchadores de las WWE.

Es así como me encuentro próximo a lo que será la etapa más difícil y DIVERTIDA...
En pocos días, el Bati-Consultorio se llena de niños.....




domingo, 24 de enero de 2010

Allá en Rancho Grande, Allá Donde Vivíaaaaaaaaaaaaa….


Flashback:

Enero 2009, tiempo de celebración, felicitaciones, algarabía, fiesta, júbilo, desmadre… terminaba mi carrera de Medicina. 5 años y medio después de haber entrado a la escuela de medicina y haber vivido múltiples experiencias (mi primera sutura, mi primer “Crush” con una chavita médica, y el segundo, y el tercero… como verán conoces poca gente dentro de este oficio… mi primera guardia, cientos de desvelos, decenas de partos atendidos, gran número de cirugías asistidas, muchos sacrificios, pero mayor número de satisfacciones) “terminaba” el camino para convertirme en médico. “TERMINABA” según mi pobre cabecita atolondrada por tanto festejo de graduación, probablemente entre el viaje de fin de cursos y la fiesta de graduación se me agotaron las pocas neuronas aún con capacidad sináptica que me quedaban para comprender que esto estaba leeeeejos de terminarse; ILUSO YO…

Febrero 2009, tiempo de lamentación, depresión, agonía, duelo, maldición cayendo sobre mi, el pinche FIN del mundo… Comenzaría mi Año de Servicio Social en un pueblito alejado de la ciudad, UN AÑOOOO, 12 meses siendo el doctor en un rancho rascuache, un intento de civilización naranjera en medio de la nada, terroso, lejos de mis amigos y familia, sin Internet ni sus beneficios, sin cable, a 110 kms del cine o Chili’s mas cercano… Mi sentimiento en ese momento era sencillo: me espera el peor año de mi vida, me voy a volver loco, me voy a desnutrir

una vez más: ILUSO YO….


Tiempo Actual:

En unos cuantos días terminaré mi Servicio Social en la comunidad de “El Llano”, municipio de General Terán, NL. Todos esos miedos, prejuicios y demás chiflazones que surgieron al principio de esta experiencia fueron menguando poco a poco. Lo primero que me pegó como patada en los trompiates fue la soledad. Y no me refiero a la típica autoflagelación enferma de “ay estoy sólo, nadie me quiere, no tengo a nadie en este mundo…”, no, no, sino simplemente a la sosa y sencilla soledad. Después de las 3 de la tarde que se iba Toñita (personaje maternal que me cocinaba y/o cumplía funciones de nana/mamá) me quedaba completa y totalmente SOLO… bueno, éramos tres, mi conciencia, mis pedos y yo. Todas las tardes me adentraba en un mundo que realmente no conocía, no sabía estar solo, incluso pensaba que no me gustaba estarlo. Fue en esas horas de nada que hacer (traducido a Nada en la tele) en las que de repente me pregunté, ¿qué chingados anda mal conmigo?, ¿en mi vida?, ¿en lo que quiero?, en las que esa soledad se volvió mi aliada. Pude analizar ciertos aspectos de mi vida/profesión y corregir/mejorar lo que yo consideré era necesario en esos momentos… crecí enormemente y aprendí a apreciar los tiempos a solas y sacarles provecho. Tiempo después, esas horas sin compañía se hacían más cortas, no niego que mi gusto añejo por las Telenovelas de Televisa estuvo reprimido algún tiempo y me reencontré con él durante estas tardes, pero con todo y mis buenas dosis de televisión local (la cual ahora aprecio más y siento que comprendo mejor al mexicano promedio que saca sus premisas de vida de la novela de las 9), pude encontrar muchos más tiempos de meditación e introspección que en mi vida en la ciudad.


Siendo sinceros, de Medicina no aprendí gran cosa, sí tuve algo de práctica, pero como es una comunidad pequeña, había realmente poca consulta. Tal vez vi pocos pacientes en comparación con otros compañeros en otras comunidades o centros rurales/urbanos, pero eso fue suficiente darme cuenta que el paciente rural, el paciente “de rancho”, es muy distinto. La manera en que la relación médico-paciente se establece por allá es distinta, aún se le respeta al médico, aún se le toma en cuenta su trabajo y se le AGRADECE! Chingado, no pedimos mucho, solo un vil y jodido “GRACIAS”, aunque allá sería un “Gracias Dotorcito”. El paciente rural es noble, aun nos entrega su confianza y lo que es más importante, aún acepta que tus conocimientos sobre el área o su padecimiento son válidos y de importancia, en lugar de empezar a embarrarte en la cara artículos de Selecciones, o si ya andan muy modernas las señoras intentan emanar sabiduría médica citando algún capítulo de House. El paciente del rancho, también tiene defectos, muuuuchos defectos, como tener muy arraigadas costumbres o tradiciones que repercuten negativamente en su salud, pero fue muy bueno tomar un respiro y encontrarte con pacientes que no te ven como un triste empleado de la compañía de seguros, sino como un personaje de respeto y servicio.


¿Qué otras pequeñas cosas hicieron mi estancia en el México Campesino más llevadera y totalmente distinta a lo que esperaba?

- El contacto más cercano con la naturaleza, ir a nadar al río, pasearme diario en bicicleta para ver como las estaciones del año pasan y las huertas llenas de Naranjos evolucionan con el paso de los meses: de estar llenos de Flores de Azahar, a encontrarse tupidos de naranjas o mandarinas, las más jugosas y dulces que yo haya probado.

- El poder observar TODAS las noches absolutamente todas y cada una de las estrellas sin que ni una sola luz impidiera apreciarlas.

- Irme de ahí pesando 10 kilos más que cuando llegué, por el simple hecho de deleitarme con la cocina de rancho diariamente, almuerzo, comida y cena. Ese sazón que no encuentras en la ciudad, que si bien tengo varias referencias de muy buen sazón en mi casa, el sabor del rancho es distinto, el huevo recién puesto por la gallina; la res, el puerco, el pollo que aún andaban caminando por ahí unas horas antes de la comida; la hierbabuena y el chile cortados minutos antes de su consumo… todo eso son sabores y olores que no tienen comparación, y que voy a extrañar, chingado los voy a extrañar...

- Ver luciérnagas… ¿pónganse a pensar, cuando fue la última vez que vieron una luciérnaga?

- Los niños del rancho. Los chavillos de allá mantienen su capacidad de asombro durante mucho más tiempo, son más serviciales para con el adulto y se divierten mucho más fácil que el niño de la ciudad.

- Ratifiqué y comprobé mis deseos de ser Pediatra, me di cuenta que la dinámica con los niños me es profundamente divertida y apasionante. Al mismo tiempo reforcé mi inmeeeensa repulsión de ver pacientes adultos que no tienen nada, no están enfermos y solo necesitan sacar su estrés/problemas de alguna manera… no no, eso no es para mi...

- Aprendí un curso básico sobre citricultura, a matar/destazar borregos… aprendí que las Piñas se dan en el suelo!! Chingada madre yo pensaba que se daban en palmeras como los Cocos! Así hay una lista de innumerables nimiedades, que juntas hacen un buen bagaje de conocimiento ranchero.

- Gente como Toñita y su familia, así como muchos otros pacientes que se preocuparon por que yo estuviera agusto, me sintiera cómodo y contento. Ese deseo de servir de la gente del campo, esa hospitalidad PURA y DESINTERESADA, despertaron en mi una gran admiración a su sentido de gratitud y amabilidad. La gente del rancho no tiene miedo a sacrificar bienes, tiempo o esfuerzo por expresar su agradecimiento y respeto.


Ya pasó todo un año, en el que me fuí adaptando a situaciones, aprendiendo conceptos y apreciando las cosas más sencillas, que hicieron de mi estancia en El Llano, toda una experiencia de vida.

lunes, 11 de enero de 2010

Toc Toc...

Siempre que alguien llama a nuestra puerta, nos invade una sensación de curiosidad, tal vez un poco de expectativa e incluso ansiedad por saber quién se encuentra en nuestra entrada bajo el dintel. ¿Quién será el interesado en entrar a mi casa, a mi espacio, a mi vida? El sentimiento que llega a nosotros al escuchar el golpeteo de algunos nudillos viajeros contra la madera, cambia súbitamente al descubrir la identidad de quién pide atendamos la puerta. Al ver una cara conocida, probablemente soltemos alguna sonrisa, saludo o abrazo para recibir a aquella persona que ha demostrado en el pasado que es de fiar, abriéndole las puertas de par en par. El asunto cambia cuando vislumbramos un rostro que no reconocemos, esa cara nueva puede tener varios semblantes, pero la desconfianza (en distintos niveles, dependiendo de nuestro grado de paranoia) y la duda son quienes imperan en esos momentos, haciéndonos solo entreabrir la puerta y cuestionar al extraño a través de una ranura. Es en esta parte de la dinámica doméstica (que sucede casi a diario) en donde las cosas se aclaran y los misterios dejan de serlo, el desconocido se identifica y lo más importante: establece sus intenciones para con nosotros. Esas intenciones rara vez son misteriosas y oscuras muy al estilo de “The Unexpected Guest” (Un visitante inesperado) de Agatha Christie, y no pasan de intentar vendernos la planilla de cupones más reciente (que en mi caso es una venta segura... chingado simplemente no me puedo resistir a las cuponeras por mas inútiles que haya resultado la pasada compra), entregarnos el recibo del gas (que ahí si hay algo de misterio, en esos cobros fantasmas de los cabrones ratas de Gas Natural) o simplemente compartirnos acerca del cielo, el infierno y el perdón de pecados. Cualquiera que hayan sido su identidad e intenciones, para cuando cerramos la puerta y el marchante sigue su camino, hemos pasado por todo un bombardeo de sentimientos y emociones desde que escuchamos ese toc toc

Cambios significativos vienen a nuestras vidas de vez en cuando, algunas veces sin siquiera llamar a la puerta y nos toman por sorpresa, pero la mayoría de las ocasiones avisan para entrar como cualquier otro hijo de vecino. Cuando sabemos que algún cambio en nuestras vidas se encuentra cerca, nuestro sube y baja de sensaciones es el mismo de cuando tocan a la puerta y resulta ser un extraño el que llama. La problemática viene cuando esa duda y desconfianza nos poseen, evitando abrir la puerta completamente y recibimos ese cambio a través de una ranurita. Ese cambio probablemente hará que añores lo que tenías, extrañes a la gente que formaba parte de tu situación anterior y hasta desees volver, pero si la puerta sigue sólo entreabierta tú no podrás salir y el cambio no podrá entrar. Si bien, es incierto lo que viene, desconocido el ambiente, nueva la gente, muchas las responsabilidades y misteriosas las recompensas, abriendo la puerta completamente podremos conocer de pies a cabeza al visitante inesperado...



domingo, 3 de enero de 2010

Beast of Burden....

Sus Satánicas majestades (mote dado a los Rolling Stones en los 60's), emanaron gran cantidad de sabiduría popular durante décadas y tal vez lo sigan haciendo... pero es el título de una canción "Beast of Burden" (Bestia de Carga), el que se queda atorado en mi pensamiento de vez en cuando y me hace sacudir mi espalda ocasionalmente para ver si alguna carga (adquirida o heredada) se cae, pero al parecer un buen meneo de lomo no es suficiente. Durante años andamos por ahi con todo tipo de equipaje emocional, bultos conductuales y demás cachibaches a cuestas, rehusándonos a aligerar la, en muchas ocasiones, inservible carga. Nuestros paradigmas y hábitos, en la mayoría de los casos extrapolados de nuestra familia o sociedad, son los más difíciles de dejar a un lado para dar paso a principios un poco mejor informados o comprobados. Incluso cuando sabemos de antemano que son estas cargas las que nos están desempleando, aislando, inutilizando e incluso enfermando, el impacto de hacerlas a un lado es tal, que preferimos seguir sumando triques a nuestro cansado espinazo.

Los hábitos de cualquier tipo son comportamientos repetitivos, que después de un tiempo los seguimos realizando sin siquiera preguntarnos el motivo o consecuencia del mismo, y son tal vez los hábitos, la carga mas peligrosa que podemos llevar.

En un estudio publicado en el Journal médico "Obesity" (piensan bien, si un prestigiado Journal se llama Obesity, así ha de estar la epidemia) llamado "Will All Americans Become Overweight or Obese? Estimating the Progression and Cost of the US Obesity Epidemic" se realizaron proyecciones en base al crecimiento sostenido de la prevalencia de obesidad en la sociedad norteamericana en todas las edades, sexo y grupos étnicos (curiosamente los México-Americanos están en segundo lugar de obesidad, justo por debajo de los Africano-Americanos). Los resultados de este estudio arrojaron que de seguir igual nuestro comportamiento para el 2030 el 90% de la población americana estará en sobrepeso u obesidad, y para el 2048 el 100% de la población se encontrará en esta situación. Al leer estos números y bajo la premisa de que nuestra tendencia de imitar a los gabachos está más que demostrada, el pronóstico para México (los más gordos del mundo justo por debajo de EEUU) no es naaaaaadaa prometedor, ya que si los gringos no se pueden dar el lujo de gastar 1 de cada 6 dólares destinados a salud en enfermedades relacionadas con la Obesidad (diabetes, hipertensión, enfermedad coronaria, enfermedad cerebral vascular, entre otras), nosotros meeeeenoos. Esta es una carga que nadie se quiere echar al lomo, pero muchos la traemos, sin mencionar las petacas genéticas de tendencia a diabetes o hipertensión que nuestros padres y abuelos no dudaron en dejarnos para que se las cuidemos tantito.

De seguir las cosas así, ¿qué implicaciones tendría tener al 90% de la población enferma y en sobrepeso en 20 años y al 100% en 40? Desde cosas que suenan tan curiosas como tener que meter menos gente en un avión y la extinción de los carros compactos, hasta que vender comida no-saludable tenga que ser regulado como el tabaco y alcohol o hasta penado como las drogas... La French Fries Mafia o el Cartel de las Carnitas tomando el control del crimen organizado...

A quitarse cargas de la espalda chavos, entre más mejor....